Desde el punto de vista de los recursos humanos y a tenor de lo que hasta hoy se sabe con cierta concreción, puede concluirse que el impacto de una política de retribución variable en la motivación del empleado, queda sujeto a las siguientes consideraciones:
- En principio, el dinero será un importante factor motivador hasta tanto el empleado no satisfaga sus necesidades mínimas.
- Una vez se tienen los mínimos cubiertos, frecuentemente las variaciones de salario dejan de tener un gran impacto en la satisfacción o insatisfacción del empleado…
- Un incentivo económico no satisface de manera generalizada a todo el mundo. Un primer requisito es conocer el perfil motivacional del empleado: ¿Cuál es la combinación de motivos extrínsecos (que le vienen de fuera), intrínsecos (que le impulsan a trabajar independiente de si alguien le motiva o no) y trascendentes (que van más allá de sus querencias personales) que le mueven?
- Hay que partir de la base de que en general, y sobre todo para el empleado de cuello blanco, los motivadores más poderosos son los intrínsecos (es decir, los no dinerarios).
- A partir de un determinado nivel de ingresos, el bienestar emocional de la persona se estabiliza, y deja de aumentar aunque crezcan sus ingresos.
- El empleado muy orientado al dinero, respondería bien a un incentivo variable, ya que incrementa notablemente su disposición a rendir más –en determinadas condiciones-.
- Para el que preferentemente busca dinero, el incentivo solo tendrá efectos interesantes si la tarea tiene un resultado pronosticable y medible con precisión.
- Para aquellos empleados cuya motivación es fundamentalmente intrínseca, un incentivo económico puede ser incluso contraproducente.
- Un incentivo económico no estimula para tareas que requieren habilidades cognitivas, agudizar el ingenio y ampliar la visión creativa, sino que más bien las bloquea.
- Los incentivos económicos funcionan muy bien cuando las reglas para la ejecución de la tarea son simples y/o se precisan habilidades mecánicas, y el destino al que hay que llegar está claro.
- Condición necesaria para que un objetivo de trabajo sea más motivador con un incentivo económico, es que el grado de dificultad de la tarea sea proporcionado a las capacidades. El objetivo ha de ser además específico. Y ha de ser aceptado por el trabajador.
- Cuando uno se acostumbra a un incentivo, necesita uno mayor. Cuando el incentivo no aumenta en la medida esperada, provoca desmotivación.
- Y finalmente: si el empleado tiene sus necesidades mínimas cubiertos desde el punto de vista económico, y su trabajo es creativo, más vale pensar menos en nuevos incentivos monetarios, y más en crear un contexto de trabajo en que pueda manifestar su competencia con autonomía, y con un propósito valioso para él. Parece que esta combinación propicia el logro de resultados espectaculares en la organización.
¿Crees que hay que tener en cuenta algún otro punto?

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