La tutoría es un elemento perteneciente a la actividad docente dentro de un concepto integral de la formación, y supone una relación individualizada con el Formador-Facilitador con el objeto de trabajar intereses, conocimientos, aptitudes y actitudes, bajo una perspectiva interdisciplinar y propiciando la toma de decisiones.

Podríamos llamar tutoría, a la sesión entre un “tutor” y un “tutorando”, que se mantiene con el objeto de promover y facilitar el desarrollo personal y/o profesional de este último. Ello puede suponer la ampliación de conocimientos, superar con éxito un período de transición, y/o llevar a cabo una tarea de seguimiento o de finalización de un proyecto.

Las actividades de que se servirá el tutor para el logro de este resultado por parte del tutorando pueden incluir:

  • Evaluación de una situación
  • Análisis y discusión de un problema
  • Intercambio de información
  • Debate sobre diferentes opciones
  • Formulación de un plan
  • Orientación en la ejecución de un proyecto

Mediante estas actividades u otras se ha de conseguir la integración entre conocimientos y experiencias del aprendiz, a fin de que el proceso de formación y desarrollo se personalice, y no sea exclusivamente de transferencia de ideas e información.


Por otra parte el objeto del coaching -o entrenamiento activo- es conseguir que mediante la intervención de un coach (entrenador), la persona –o personas- que se “entrena” logre unos objetivos previamente establecidos, personales, profesionales o de mejora en habilidades.

El coach o entrenador no es un psicólogo (que analiza los “porqués” de la conducta de su cliente), ni un profesional que actúa y resuelve en su lugar –si bien su experiencia y saber hacer pueden ser de gran ayuda en un momento dado-.

El coach es un “interlocutor desinteresado” (es decir sin los nexos emocionales de un jefe, colega, familiar o amigo), que ayuda a la persona/profesional a fijar sus propios objetivos y prioridades, y a encontrar y poner en práctica maneras de conseguirlos. El que actúa para lograr lo que quiere es el coachee (o entrenado), quien por otra parte es quien dispone de mayor y mejor información para hacerlo. La función del coach es ayudar a encontrar recursos en uno mismo, considerar las mejores alternativas posibles, ponderar opciones, y crear un marco propicio para el logro de las metas del entrenado.

En vez de “enseñar”, el coach facilita el autoaprendizaje del coachee. En este sentido es un proceso que favorece la entrada en contacto con uno mismo, al potenciar el descubrimiento y evolución de las propias fortalezas, creencias, valores y actitudes.

El trabajo de coaching tiene lugar en encuentros coach-cliente de 1-2 horas de duración, espaciados una semana, 15 días o un mes, según las exigencias y requerimientos a cubrir. El primer encuentro tiene por finalidad concretar los objetivos del coachee, y delimitarlos con precisión para ser medidos y alcanzables. Ese mismo día se esboza conjuntamente un primer plan de acción para lograrlos.

En sesiones posteriores se contrastan los resultados conseguidos por el cliente mediante la aplicación de las líneas maestras del plan inicial, al tiempo que se barajan otras alternativas. En la segunda sesión suelen fijarse plazos de consecución para las actividades y subactividades que el coachee deba emprender. Es función primordial del coach servirse de este calendario para dotar de cierta disciplina al proceso.


En un proceso de coaching exitoso, se dará siempre una gran implicación personal por parte del coachee.

Algunas modalidades específicas de coaching son:

  • Coaching Ontológico. Enfatiza la utilización del lenguaje, y la forma en que influye en nuestras emociones y en nuestras conductas.
  • Coaching Sistémico. Fomenta el desarrollo de personas, equipos y organizaciones.

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