Es el método más eficaz para desarrollar habilidades personales y de dirección pero también el más costoso en términos de tiempo y dinero. Su principal objetivo es lograr que los asistentes a esta actividad formativa, trasladen las habilidades tratadas a su puesto de trabajo.

Para ello se trabaja una secuencia de eventos -separados entre sí por un período de unos treinta días- como la que sigue:

  • Uno o dos días de formación.
    Al final de la actividad, formalización de un plan de acción individual por cada participante, para la puesta en práctica de lo aprendido.
  • Tutoría/coaching individual para facilitar que el participante resuelva los problemas encontrados.
  • Nueva acción formativa de uno o dos días de duración y ampliación del plan de acción individual de cada participante.
  • Nueva tutoría/coaching y seguimiento del plan de acción.

Idealmente una acción de esta clase debería llevarse a cabo a lo largo de un período de uno a dos años. Cuando se realiza con personas que trabajan en una misma organización, pueden lograrse interesantes cambios culturales en la plantilla, que se notarán en la manera de tomar decisiones, liderar, motivar, gestionar el tiempo, delegar, comunicarse, negociar y/o gestionar el estrés –por citar algunos de los objetivos clásicos que persiguen esta clase de planes formativos.

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