¿Cómo afrontar una conversación conflictiva con serenidad?


Las causas de los conflictos interpersonales pueden ser:

  • OBJETIVAS: Hechos reales ante los que es ineludible tomar partido.
  • SUBJETIVAS: Percepción de la realidad según la personalidad de cada uno.

Es notoria en la vida de las empresas, la afloración de numerosos conflictos interpersonales que provoca el hecho de que se pierda dinero, o sobre todo, que no se disponga de medios para hacer frente a los pagos a su vencimiento. Los enfrentamientos se producen entre directivos, entre subordinados, y entre directivos y subordinados… todo el mundo culpando a alguien y casi nadie a si mismo, del precario estado de liquidez en que se encuentra la organización…

Más difíciles de identificar pero no menos reales y dañinas, son las causas subjetivas de los conflictos entre el personal de la empresa. El que cada cual sea una realidad única e irrepetible, dificulta el conocimiento de los más Íntimos pliegues del corazón humano, haciendo al hombre propenso a los malentendidos.

Una diferente visión de lo que es prioritario o la simple incompatibilidad de caracteres, puede abrir brechas entre personas, muy difíciles de cerrar. Por no hablar ya del prejuicio que puede ocasionar en una relación profesional la codicia o la ambición sin freno, o la malicia pura y dura que también se da.

Un caldo de cultivo singular para abundante conflictividad interpersonal de origen subjetivo, lo constituye la empresa familiar. A menos que esta se rija por enraizados y compartidos criterios de profesionalidad y eficacia, la función familiar y laboral de cada miembro de la sociedad acaba confundida. Esto puede crear un marco en el que con el tiempo, afloren con crudeza las más hondas diferencias personales.

Conseguir los objetivos de la empresa y de las organizaciones e instituciones humanas supone superar los conflictos interpersonales que frenan su progreso… unos conflictos cuya aparición, como se ve, no debe extrañar a nadie. Pero eso no quiere decir que no se puedan emprender acciones específicas para controlarlos o solventarlos, aprendiendo a afrontar las diferencias sin miedo.

5 pasos para abordar una confrontación sin temor

  1. Prepárate mentalmente
    1. Identifica lo importante a decir.
    2. Evalúa la mejor manera de dirigirte a «esta» persona.
    3. Imagina lo que más le interesa a tu interlocutor.
    4. Piensa en la solución ideal para ambos.
    5. Trabaja como dirás lo que quieres decir, y visualiza un «final feliz». (Si estás demasiado enfadado/a para lograrlo, no estás preparado/a…).
  2. Establece el contexto adecuado
    1. Busca un entorno seguro (nunca en público).
    2. Pide «permiso» para dirigirte a la otra persona.
    3. Habla con responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento.
    4. Afirma que quieres preservar la relación.
    5. Entrénate con alguien. Haz un juego de rol.
  3. Implica a la otra parte con eficacia
    1. Empieza con algo no emocional… y para de hablar.
    2. Deja hablar al otro y escucha de verdad.
    3. No hables en nombre del sentir de otros.
    4. Permanece enfocado al problema real evitando discutir.
    5. Mantente abierto a «otras» posibilidades.
  4. Dilo bien
    1. Aporta datos, hechos, investigaciones, hallazgos, apoyos…
    2. No te tomes nada por el lado personal.
    3. No hagas comentarios «inflamatorios».
    4. No uses absolutos como «nunca» y «siempre«.
  5. Cree en la posibilidad de una solución mutuamente satisfactoria
    1. No seas rígido/a.
    2. Antes de rechazar nada, analiza lo positivo y lo negativo.
    3. Trata de llegar a un acuerdo sobre lo que cada uno puede hacer para mejorar las cosas.
    4. Haz lo que has dicho que harás.
    5. Mantente «conectado» después.

¿Hay algo que te gustaría añadir para conseguir mantenerte efectivo/a en situaciones conflictivas?

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